martes, septiembre 30, 2008

Delito Estereofónico

A un lado tengo el radio sonando todo el tiempo, alguien me dice las noticias más importantes del día. Una cantidad increíble de malas de noticias, una oleada de delitos, muertes, desapariciones, fracasos, pérdidas. Sólo oigo voces que relatan ese tipo de hechos, de sucesos que acaban con los sueños y aspiraciones de cualquiera. En el otro oído tengo la cantaleta de los que están a mi lado. Lo peor, es que opinan sin necesidad, sobre la otra cantidad de sucesos denigrantes, mejor dicho, oigo en estéreo y repetidas las mismas noticias, los mismos asesinatos, desapariciones, pérdidas y fracasos. Delito estereofónico.

martes, abril 22, 2008

Ruth

“No aguanto más a la gente”, decía Ruth arrinconada en una esquina de la ciudad. Estaba sentada en el piso cogiéndose sus rodillas, mientras presionaba con fuerza sus dientes. Era la cuarta vez que lo decía en el mismo día. Tal vez habría sido por la larga fila del banco o, a lo mejor, por la noticia de la muerte de su abuela. Pero Ruth ya había llegado al límite. No aguantaba más. Quería ponerse de pie, correr a toda velocidad, salir a la avenida e irse de frente contra el primer carro que pasara. Estaba aburrida, inconforme, cansada y sin ganas de continuar. Le desesperaba la monotonía, la hipocresía de la gente y ese afán que tienen de triunfar atropellando a todo el mundo. Pero no, las cosas no eran fáciles. Ponerse de pie ya era un problema. Sus dientes empezaban a doler. Miraba sus bolsillos con pesar, pues no tenía una sola moneda. Empezar a caminar sería un reto más, una cumbre por conquistar, pero ¿después qué?, seguir caminando sin rumbo, mirar a la gente con odio, rencor. Envidia. Eso sentía Ruth. Envidia de que los demás siguieran su rumbo sin problema. Envidia de que no se quejaran, no dijeran nada. Envidia. Ellos seguían ensimismados y no se preocupaban por disfrutar. Operaban como unos robots. Día. Trabajo. Noche. Casa. Día. Trabajo. Noche. Casa. Ella no podía con eso. No podía con la rutina. Ni siquiera podía con su rutina de odio y rencor. Las aborrecía. De hecho, su odio se había convertido en su rutina. Decidió ponerse de pie, avanzó tres o cuatro pasos. Salió a la avenida lentamente. Avistó un automóvil que venía a toda velocidad y fue allí cuando decidió de una vez por todas acabar con todo. No más envidia. Ahora la envidiarían todos. La gente diría “esta mujer sí fue capaz, acabó con todo sin dudas”. Qué envidia. Ruth yacía ahora sobre el suelo, nuevamente. Inmóvil, inerte. No aguantaba más a la gente. No se aguantaba.

miércoles, enero 02, 2008

Intentando Volver

Está bien. Lo admito. He estado muy descuidado y no he vuelto a escribir como lo solía hacer un tiempo atrás. Pero bueno, tal vez andaba pensando en asuntos que no debería haber pensado o, simplemente no lo necesitaba. Hoy, después de una cantidad de reflexiones he decidido volver a intentarlo. Volver a dejarme atrapar por las letras y los lectores anónimos, las estadísticas de Internet y los escritos improvisados que algunas veces entretienen, cuestionan o son una excusa para pasar el rato, quemar el tiempo…¿quemar el tiempo?...alguna vez un amigo me preguntó por esas frases de cajón y acabo de acordarme de esa, quemar el tiempo, ¿cómo puede ser posible quemar el tiempo?, sería algo así como tomar aire, por ejemplo. En fin, no sé cuánto dure esta nueva intención de escribir aquí en Alquitrán, porque no sé qué rumbo tome en este momento mi vida y tal vez no vuelva a escribir en la vida, o por el contrario escribir se vuelva mi vida. Así, queridos y anónimos lectores estaremos nuevamente en contacto, si es que tiene que ser así o quiero que sea así. Por el momento pueden revisar algunos textos pasados, pues les podrían servir para recordar, odiar, querer, dedicar, o por qué no, para quemar el tiempo.

jueves, marzo 22, 2007

Problemas de entendimiento

No sé por qué hay que fugarse, hay que huir y hay que llegar a un universo desconocido para vivir unos instantes enriquecedores. ¿acaso uno no puede vivir contento en la tierra de uno? ¿para qué abandonar a los seres queridos por algo totalmente egoísta? ¿es eso justo?

jueves, agosto 10, 2006

Algunas cosas que detesto (I)

Las notarías
los notarios (as)
los bancos
las filas de los bancos
las filas de clientes preferenciales o empresariales, de los bancos
el verbo "autenticar"
el verbo depilar
lo que vale un sello en una hoja
el clima de estos días
los pagos a 30 días
que me pidan en suelto
el cajero que bota billetes de 50
los mimos limosneros
...

miércoles, julio 26, 2006

Y me robaron...

Estoy vendiendo el carro de mi hermano. Ayer por cosas del destino apareció el comprador. Un tipo moreno, alto, que dijo ser comerciante y cuyo nombre era John Jairo. Convencido vio el carro, se fascinó pues dijo que estaba en buen estado y decidió que lo compraba, que la esposa se iba a alegrar mucho. "Lo pago de contado". Me pareció extraño eso, pero como había dicho ser comerciante, asumí que ellos andan con mucha plata siempre y suelen pagar de contado. De inmediato quería dar las "arras" de 1 millón o millón y medio, "el que primero se arrodilla...", decía. Así pues, llamé a mi papá para que cuadraran bien ese pedazo, como para darme seguridad también. Efectivamente el tipo habló con mi papá y entonces se iba a firmar el contrato con la esposa, la supuesta titular del vehículo. John Jairo me dijo que había que hacer una diligencia de la Sijín, me preguntaba qué tenía el carro que él debiera saber, alguna falla, fuga, etc. Todo muy normal, conocedor de carros, preguntas pertinentes. Pues bien, me fui con él y con el carro para donde la esposa para firmar los papeles y recibir el millón y medio. Llamé a mi cuñada que es abogada para ver si me podía acompañar, y menos mal estaba en el camino así que pasé por ella y nos fuimos los tres. La sorpresa fue que la esposa estaba en San Andresito San José... Llegamos al lugar, me parqueé al costado de la cra 17 pasando la Jiménez; el tipo se bajó a buscar a la esposa, volvió y me dijo: "le puse un beeper y va a llamarlo a su celular". Efectivamente entró la llamada, era una mujer preguntando por él, así que le pasé el celular, (él estaba fuera del carro y se lo pasé por la ventana). La saludó muy amoroso y comenzó a hablar con ella. Yo siempre pensaba bien y pues no se me hacía raro, pero el tipo se alejó y se metió en unos locales de San Andresito y no volvió. Pasó media hora y el tipo no volvió. Mi cuñada averiguó y le dijeron: "Ahhh ...olvídese que ya la robaron". Un señor que vende avenas le dijo: "Ahh...ese es un man que se viste de ejecutivo y roba a la gente. A varios les ha hecho eso. La policía lo está buscando". Salimos de allá con la euforia del momento, yo no sabía por dónde iba, lo único que pensaba es que fácilmente me habrían podido robar el carro y quién sabe qué más cosas, por la simple razón de confiar. Aún me sorprendo de lo timador del tipo, pues hizo todo para darme confianza y después robarme. Fue mi celular lo que se robó, pero si hubiese estado solo o la patrulla que pasaba por esa cuadra no hubiera pasado, seguramente las cosas habrían sido peor. Doy gracias a Dios porque el ángel de mi guarda nos protegió mucho, pero también les cuento esto es para que tengan cuidado. No se puede uno fiar de la gente, a menos que sean amigos, o amigos de amigos.

viernes, junio 02, 2006

Jugadas de la mente y memoria

Ayer vino a mi mente como el propio viento pegaba en mi cara. No tuve más remedio que detenerme en plena vía y contemplar la que fuera su última imagen en vida. Su última frase para mí, su última mirada, respiro y sonrisa. Allí, en esa fría calle que ayer se disponía a enfrentarse nuevamente al fervor de la noche, al licor, al ánimo, a la alegría. Allí, en esa calle, en la entrada a ese local evoqué por unos minutos, deteniendo el tiempo, y devolviéndolo al mismo tiempo; su bello rostro mirándome prolongadamente como siempre lo supo hacer. De repente, todo el movimiento en la calle se detuvo, una bruma cubrió casi todo lo que estaba al alcance de mis ojos. A unos cuantos metros, no más de tres pasos, estaba ella, reluciente a la entrada del restaurante, y sus brazos se movían armoniosamente llamándome. Sus ojos me encandilaron un segundo, pero luego eran sus propias pupilas las que me atraían. Fue un respiro, tan solo una pequeña cantidad de aire la que salió de mi boca, para que esta imagen se borrara y la calle volviera a su normalidad. Pero yo no. Yo la seguía viendo allí tan linda como siempre, pero mi vida también tendría que seguir en movimiento. La de ella ya se había detenido para siempre, pero ese instante en que la vi para mí es toda una vida.